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8/oct/2005

LA MISMA HISTORIA DESPUÉS DE 500 AÑOS
Un cacique Toba en el barrio Las Lomas de Santa Fe

En Alma de Barrio siempre dedicamos un espacio especial para repasar la historia de los lugares de nuestra ciudad de Santa Fe. Muchas veces esa historia no está escrita y son los propios vecinos los que nos cuentan cómo empezó la barriada a poblarse, cómo creció ese lugar que nos identifica.

 En esta oportunidad, y en vísperas de un nuevo 12 de octubre, nos vamos a ocupar de hablar del barrio Toba de Santa Fe, el barrio de los aborígenes venidos de Chaco a fines de los 80 y durante la década de los 90 y que se fueron asentando en parte de lo que es el barrio Las Lomas, al norte del hipódromo de Las Flores, arrinconados a los bañados del Salado, más allá del camino viejo a Esperanza. El barrio Toba está en la zona de Padre Vieyra y Espora.
 En el barrio Toba los primeros pobladores se ubicaron en casas precarias, mejor dicho en cortes de rancho, sin urbanización, sin luz, sin agua, sin servicios. Hoy en el barrio de los tobas hay dos comunidades, y con Alma de Barrio conversamos con el cacique de una de ellas.
 En una de estas tardes nos encontramos con Alberto González y conversamos sobre su comunidad que lleva el nombre toba “qadmayí”, que según Alberto quiere decir “nuestro hogar, nuestro lugar”, bastante parecido a “nuestro barrio”. Este es el personaje que nos cuenta la historia de cómo llegó del Chaco al barrio Toba de Santa Fe…
Esta el la voz de un cacique indio de nuestros días, se llama Alberto González y una de estas tardes nos encontramos en la Plaza del Soldado donde se iba a encontrar con un “paisano toba” que venía de visita desde el Chaco. Alberto es cacique de una comunidad que tiene 48 familias, unas 220 personas incluyendo a los chicos. Y con respecto al tema de ser cacique de su gente le pregunté a Alberto cómo era la elección de un cacique en una comunidad como la de “qadmayi”…
Alberto González, cacique de la comunidad toba “qadmayí” habla con ese tono que mezcla su lengua aborigen con el español. Y así como su voz nos dejar adivinar su origen, sus rasgos, su color de piel, su pelo negro tupido y su rostro, es como un fiel testimonio de sus antepasados aborígenes del Chaco impenetrable.
Alberto habla de ayuda o subsidio para comprar lo necesario para hacer las artesanías que les permiten sobrevivir. Necesitan apoyo para comprar la “hoja de palma” que no se consigue en Santa Fe y se trae desde Chaco.
Es más intentaron participar en la Feria de Artesanías pero ante la falta de insumos buscaron un aporte económico de Promoción Comunitaria, pero según Alberto, como no pudo conseguir su número de CUIT no logró que le dieran el subsidio.
De todas formas, le pregunté a este cacique toba de barrio Las Lomas si tenían trabajo los hombres y mujeres de su comunidad, y la respuesta fue que ninguna de las 48 familias tienen laburo, viven de los Planes Sociales –Familias o Jefes y Jefas de Hogar- y de las artesanías que pueden hacer.
Sin embargo, y pese a las limitaciones propias de la marginalidad en que viven los aborígenes en Santa Fe, y en la Argentina, Alberto como cacique de su comunidad entiende que la educación de los chicos, conservando su cultura, los puede ayudar a progresar son necesidad de perder su identidad…
En el final de la charla con Alberto, un cacique toba del Barrio Las Lomas de Santa Fe, le pedí que nos regalara un saludo en su lengua, para nuestra Alma de Barrio, nuestra Alma de “qadmayí”…
Alberto, como muchos de sus paisanos, se vino del Chaco, sin posibilidades de integrarse a un mercado laboral donde la máquina cosechadora reemplazó al cosechero de algodón. Pero en la gran ciudad, no hay algodón y la pobreza rural se transforma en marginalidad y exclusión.
Es que ser aborigen en la Argentina es sinónimo de ser pobre. Si uno lo piensa bien los indios fueron los primeros excluidos del modelo liberal sintetizado en la expresión “Civilización o Barbarie”. Muchos que adoptan posiciones indigenistas atacan al español, a la conquista, pero a esos mismos fundamentalistas habría que preguntarles qué hacemos hoy, en la Argentina del 2005, por nuestros hermanos de la tierra.
Habría que preguntarse cuáles son las verdaderas políticas de promoción social que el Estado desarrolla para integrar a los aborígenes, respetando su identidad y su cultura, pero incorporándoles la educación como valor indispensable de liberación. Y la cultura del trabajo, no de la explotación feudal del hacha, la bolsa de algodón, o el surco de la quinta de tomates aquí en Monte Vera. Habría que preguntarse si no somos también nosotros un poco como Pizarro, como Cortés, como Gaboto…

Una prueba fehaciente de que los aborígenes pueden lograr grandes cosas, no solo sobrevivir, la dieron los jesuitas hace 400 años, que demostraron que es posible hacer una verdadera integración y promoción social, desde el mismo nivel, no desde el pedestal que la conveniencia, la explotación o la Generación del 80´ levantó para condenar al atraso y la marginación a los indios, a sus herederos, los mestizos, los gauchos.
Para terminar con esta historia de hoy del Barrio Toba de Santa Fe, que en realidad es la misma historia repetida hace 500 años, vale la pena escuchar este poema de Julio Migno “La senda del indio” que recita mi viejo sin una nota musical para escuchar mejor lo que dice…
Don Julio resume mejor que mil editoriales lo que nuestros hermanos todavía esperan, una oportunidad, lo esperan en el barrio Las Lomas y en cada rincón, porque como dice Atahualpa, “América es el largo camino de los indios…”, de nosotros depende que su suerte cambie…

Fernando Pais
Fuente:Alma de Barrio

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